sábado, 12 de diciembre de 2020

HIPÓCRATES DE GUARDIA


 Había sabido que el sentimiento de nostalgia que le abrumava no era como otras veces . Esas se le desprendía un llanto que duraba horas y horas hasta que sin más le desaparecía. A veces eran las lecturas que de manera obsesiva le hacían imaginar mundos literarios por donde viajaba incansablemente. Otras era su mirada ausente en el único sillón de su casa , absorto en una nada sin sentido. 

Salió a prisa en busca de una farmacia de guardia . No era fácil un domingo de resurección. Las calles estaban desiertas. Nadie absolutamente. Ni una alma fuese atea o cristiana . Anduvo largo rato sin parar incansablemente. Los pies últimamente les dolian muchisimo y casi con las maravillosas plantillas que le hizo doña Carmen una podóloga más vieja que Matusalen , algo podía caminar. La silla de ruedas que se había comprado ya hacía unos meses con sus 60 años no era moco de pavo , era mecánica pero acolchada y reforzada. La guardaba en la habitación contigua a la suya , la de su madre que había desaparecido . 

A toda prisa divisó una farmació gracias al rótulo tintinellante a colores rojo y azul . Hipócrates , su farmacia indicaba el rótulo en la puerta de madera recia . Llamó al timbre . Al cabo de un rato un hombre con bata blanca le abrió una pequeña ventanita que había en la parte superior de la puerta. 

- ¿Dígame , qué desea ? 

- Quisiera por favor comprar un placebo 

- ¿Oiga, me está tomando el pelo? 

. No , se lo digo en serio , quiero un placebo para que me sirva para todo . 

. Pero usted sabe lo que me pide , ¿acaso sabe cuanto vale un placebo ? Llevo años sin vender alguno por su elevado precio . 

- Traigalo que yo sea lo que sea se lo pago . 

- Voy a por ello . 

El farmaceutico con una gran barba blanca que le llegaba a la panza se metió al interior de la botica. Al cabo de largo rato volvió con un pequeño tubito que a penas se podía coger con los dedos de lo pequeño que era. 

- Aquí tiene 

- ¿Dígame lo que vale ? 

- Pues son 1000010100100000000000  bruits 

-¿Cómo dice ? 

-Pues eso que le he dicho .

-Pero oiga yo no sé lo que són los bruits , ¿me está tomando el pelo otra vez nuevamente? 

Hipócrates que así se llamaba el farmaceútico por la identificación que le colgaba de la solapa de la bata parecía nervioso y algo alterado . 

- Esta bien , si me dice como o donde puedo encontrar los bruits lo intentaré buscar para pagarle. 

-Mire usted , un bruit no es más que un piñon de montaña , o sea, de piña de pinar negro , de esos que en latín se les llama "pinus negrum" . 

- ¿y dónde encuentro yo esa cifra tan grande de piñones ? ¿Cómo puede ser que me pida eso ? 

- No es mi problema , asentó Hipócrates, si no le gusta lo que le digo pues no lo compre y ya está. 


Aquel día decidí irme al mónte a encontrar un pinar para poder empezar la recogida de tal cantidad. Me preparé bien con mis botas , mis plantillas de doña Carmen, mi mochila , mi tienda de campaña , mis platos y enseres, mi sopa deshidratada, mis barritas hipercalóricas, mi agua, ..mi linterna y me fuí lejos de la ciudad. Al coger el tren me puse a pensar que lo que me sucedía era muy curioso , ¿como podía yo encontrarme con una farmacia y un farmaceútico tan complicado ?  

Estuve más de 4 meses recogiendo piñones y almacenándolos en una bolsa que guardaba , Hasta que por fin un día me dí cuenta que lo que me había pedido Hipócrates no era otra cosa que dejar de preocuparme por mi y recolectar piñones en medio de la montaña en la naturaleza con aire puro y que eso precisamente me había hecho olvidar absolutamente todos los males , nostalgias, tristezas, paranoias, y demás cosas durante todo ese tiempo . 

Y pense , en el fondo eso que me ha recetado es ni más ni menos que un efecto , el placebo. 

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