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sábado, 29 de enero de 2022

SACRIFICIO , EL CINE ACTUAL DE ANDREI TARKOVSKY



"Sacrificio" (Orffet) es una película de Andrei Tarkovsky que realiza en 1986 como testamento final de su manera de entender el cine. Como expresión de el mundo que este director entiende el cine como expresión de la vida. Dedicado a su hijo para que continue teniendo esperanza sobre el futuro previene una tercera guerra mundial como consecuencia de una guerra nuclear. Alexander el protagonista un hombre maduro que cumple años explica un cuento sobre un monje a su hijito que ha dejado de hablar. Vivir es aprendernos a ritualizar en actos de manera permanente , donde estos nos acercan a la fe. El cuento metáfora de esa fe permite entender que la rutina y repetición de un gesto conduce a la esperanza. Alexander está contento de estar rodeado de su familia. Pero ya desde un inicio nos advierte que el deseo no es suficiente para alcanzar la verdad. La cita del personaje de Zaratustra , el enano jorobado nos somete a un eterno devenir constante del tiempo y de sus consecuencias. Tarkovsky entiende este tiempo construyendo en la Isla donde rueda la película en una imágen icónica extratemporal del viaje interior que realiza su protagonista. La cámara de forma poética avanza en los silencios, los primeros planos, las palabras que no hablan y que quienes configuran la familia de Alexander. 
Del principio del film al final los hechos , acontecimientos planean con la sacralización de lo humano , esculpiendo paso a paso la obra de arte . Haz de tu propia vida una obra de arte , construyela . El sacrificio es la promesa a un Dios en tiempos vacíos, de falta de espiritualidad , donde el desasosiego avanza. ¿Se puede faltar a una promesa ? Australia y Japón dos referentes antagónicos que traducen lo sacrificado en sacralizado . Este espacio profano y sagrado que Mircea Elade delimitaba en la isla donde sucede todo apenas en un día permite que la ética y la estética se enlacen. El anuncio de la Tercera Guerra Mundial hace entrar en pánico a sus protagonistas, incluso a nivel de perder el control sobre si mismos. El atáque de pánico será el detonante de una fiesta, una celebración que intenta hablarle al público sobre el amor como una puerta a la soledad de quien ama y quien no sabe amar. Esa teofanía del protagonista para estar dispuestoa a perder su vida para salvar la familia y a los suyos será el camino a la locura y su perdición. Ya no le queda nada por hacer y su desesperación le obliga a entrar en los entresijos de la superstición de la brujería que en un coito catártico le resolveran que no exista declive. Una ciencia miope que está cansada de cuidar a todos los demás ... y una familia que no sabe como hacer frente a los hechos que se van a acontecer. Alexander decide entonces purificarlo todo con el fuego que culminará su promesa. Pero en ese viaje interior de encontrarse a si mismo el abismo se palpa y se reconoce como propio. Esa locura de quien se despide una vez y otra con la comicidad de un absurdo para no volver más frente al horror. La recuperación del habla del niño para iniciar la frase del evangelio de San Juan , pero eso sí, en forma de interrogante advierte que puede que vivir sea contemplar lo intrascendente de todo lo real. Como lo que los japoneses entienden como Wabi-sabi , la expresión estética de algo no expresable, de mortalidad, de tristeza absoluta. De este principio que el budismo zen tiene que entender que hay que aprender a gozar con la insuficiencia de todo, con la tristeza de las cosas, con la insatisfaccion de lo corporeo. 

Sacrificio pues nos narra poesia espiritual.

 

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