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viernes, 29 de septiembre de 2006

¿Quien convence a quien ?

Gorgias de Leontinos era un sofista. Su verdad era la capacidad que tenian sus discursos y sofismas para ganar dialécticamente sus adversarios. No era ningún ciudadano de la Atenas de Péricles pero tenia el poder de adoctrinar a quienes como ciudadanos podían influir en las asambleas políticas de la ciudad.
Protágoras de Abdera era un sofista. Su verdad era la capacidad de convencer a sus adversarios. No importaba la propia verdad sinó ofrecer la creencia a sus adversarios que en su discurso se estaba ganando políticamente su razón. El hombre era la medida de todas las cosas.
Ambos tenían en común que presentaban al pueblo en un escenario fictício una realidad virtual. Eran unos auténticos manipuladores de la Verdad. Cuestionaban que existiera una sóla y única verdad. La verdad absoluta. Por eso defendian que existian tantas verdades como mundos posibles y ciudadanos de la polis. Manipular la verdad era conseguir con el juego del lenguaje la seducción por la palabra del otro, la imagen del otro. El manipulador era en el fondo el mentiroso, el embaucador, el vendedor de medias verdades o verdades a medias que no le importaba más que conseguir con su arte de la seducción la apropiación del alma y el conocimiento del otro. La manipulación era una forma de abducción de quien pagaba por ser enseñado en el arte de hablar , de la oratoria, de la retórica. La dialéctica permitia hacer encajar en este juego de apariencias cualquier cosa ; incluso la mentira o la falsedad. El sofista pues defendia la hipocresia como forma de vida , como forma de existencia. Precisamente el sofista vivia de sus falsas verdades. Hacer decir con el lenguaje precisamente lo que no hay que decir.
El sofista pues para Platón era quien sabía que engañaba a los prisioneros de su caverna virtual pero de manera cobarde se aprovechaba de su situación sin ser capaz de huir de su teatro de marionetas dirigidas y manipuladoras. El sofista se encontraba encadenado a rodar y rodar entre el mundo interior de la caverna en la oscuridad más profunda que es la de saberse engañador de la verdad.
El sofista sabia sin embargo que la verdad tiene su poder; un poder que le es propio. La verdad siempre acaba triunfando. Una verdad que no pertenece a nadie ni se la puede atribuir nadie. No hablamos de la verdad absoluta , ni de la verdad revelada de los iluminados. La verdad se alcanza cuando nos podemos quitar la máscara que todos llevamos pegada. La verdad nos destapa y nos deja desnudos frente al mundo. La verdad exige valentia y coraje porque nos devuelve al lodazal. Platón tuvo siempre a los sofistas como sus enemigos porque su hipocresia los condenaba a vivir de sus propias mentiras. Pero sin embargo Platon olvido a los fariseos quienes en nombre de una verdad que se la consideran propia lanzan discursos sobre la bondad y la maldad, sobre lo correcto y lo incorrecto, sobre lo cívico o incívico. Peor que un hipócrita resulta un fariseo porque traiciona la verdad en nombre de su superioridad , de su altivez .
¿Quienes somos nosotros : hipócritas manipuladores de las palabras y las imágenes , embaucadores de sueños e ilusiones, vendedores de euros a 50 céntimos o bien fariseos que nos pensamos poseedores de la gran razón y verdad con el poder de decidir sobre el bien y el mal de los demás ?

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