jueves, 29 de noviembre de 2007

¿Qué normas queremos tener? ¿Las nuestras, las propias, las vuestras o las de todos?


*/* Un día hablabamos entre todos y todas en un espacio más allá de los cafés y los bancos del parque. Cada uno entusiasmado o entusiasmada despedía con un tajante " eso es así " su discurso dialéctico apuntando que cualquier premisa nunca es buena si antes no se ha sabido consensuar. Aprender a ser no es lo mismo que aprender a estar. Eso se olia en el ambiente. Los sentires emocionalmente dispersos y diversos eran divergentes o convergentes con los pensares pretensiosamente virtuosos y farisaicos. Nadie salía ileso de aquella amalgama de diatribas y disyuntivas que lanzaba a las normas al lado más oscuro del abismo y daba esperanza al país de las hadas y los elfos. La democracia no era ese ejercicio paciente y apacible que através del diálogo nos permite avanzar por convencimiento hacia aquellas intuiciones que percibimos entre lo que decimos y pensamos. ¿Quien era capaz de pensar lo que creia o de creer en lo que pensaba? Experiencias con la madurez de señoras que acompañaban a sus hijos a la escuela o con trabajadores sanitarios que en un barrer y acompañar las horas de una larga noche de esclavitud justificaban la excepcionalidad de una forma de vivir o un vivir con esa forma.

Del derecho nace la posibilidad que quienes son más vulnerable, frágiles y contingentes puedan ver garantizada su dignidad y libertad como seres humanos. La norma se hace fuerte aquí frente al poderoso, al tirano, al insolente e idiota. Vivir para que nuestras normas sean el espacio de protección de quienes deben y pueden garantizarnos que hay ciertos valores en democracia que deben ser respetados a pesar que ciertas personas no se sientan obligados por su condición de seres humanos.

Las normas por si solas no conducen sin embargo a nada. Detrás de una sociedad con normas debería haber una sociedad de valores y de conciencia. La norma adquiere así un sentido de legitimar y establecer la conciencia del límite de la condicionalidad del ser humano que ante todo quiere y puede vivir socialmente. Detrás pués de cada norma debe exigirse un valor democrático que genere y construya una determinada actitud social, personal, humana. La norma pués garantiza el derecho de quienes saben y aprenden de vivir y convivir en sociedad. DIferente es y debería ser una normativización social producto de instrucciones que se acumulan entre pautas irreflexivas y guiones mecanizados. No puede existir una sociedad sin normas como principio básico y fundamental de todo ser humano. Pero quizás la educación para las normas constituya ahora nuestra materia pendiente puesto que permite entender que el ejercicio de nuestras libertades pasa por el respeto a las instituciones que compartimos, a los espacios que convivimos y al tiempo que habitamos.

Alguien decía que detrás de un discurso sin normas hay una voluntad ácrata y insolidaria de sesgar, de ser excluyente, de fragmentar y dividir. Pero otros afirmaban que seamos ácratas o marxistas, democratas o republicanos no podemos pensarnos sin la capacidad que todos debemos tener siempre para seguir insistiendo día a día para sobrevivir con el dialogo a la vida rasgada, absurda y corta que nos ha tocado a todos compartir.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Pienso que, aunque las normas influyan en la vida o en la libertad, no del todo dejas de ser libre por muchas normas que haya. Pienso que la libertad es una cosa que se lleva dentro, no todo el mundo la posee ni la puede poseer, me refiero que una persona puede estar "atado" fisicamente pero si el alma es libre no tiene porque sentirse atado a nada. Mientras que hay gente que hace lo que le da la gana, que no tiene responsabilidades pero no tiene el sentimiento de la libertad y puede sentirse atrapado aunque fisicamente no lo esté.
CARMEN

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