domingo, 12 de abril de 2020

LOS MUERTOS NOS SUSURRAN AL OIDO .



Me vino a la memoria esas jornadas que escuché hacía ya años sobre el encuentro entre las generaciones. Fuí allí por primera vez que escuché a Zygman Bauman, un sociologo , muy delgado y viejecito entonces , hablar de "vidas desperdiciadas". Luego intervinieron otros ponentes como el director de la biblioteca de New York del que no recuerdo el nombre , y un escritor que había nacido y se había criado en África :Mia Couto. De todas aquel montón de palabras , puede que las de este escritor impactaran con pocos años entonces especialmente en mi . No las he borrado todavía . Nos habló de la relación entre generaciones hablando de la muerte en el continente africano. Lo que me sorprendió más fué que afirmaba que los muertos y la muerte se vivia de forma muy diferente a Occidente. Precisamente porque convivian con los vivos, los muertos formaban parte de la tierra, de la selva, del rio, de las casas, de la familia, del clan. Me intereso tanto que busque alguno de sus libros traducidos y los leí con gran pasión. 
Ya hace tiempo que la muerte me acompaña . La edad nos señala como vulnerables, frágiles, volátiles y nos indica que todo es efímero como la vida misma. Cuando se aproxima la muerte amiga la empiezas a tocar primero timidamente , luego ya de cara, y al final te golpea en lo más hondo.
Los amigos se van , las amigas se despiden o a veces no y te enteras por alguien que ya han dejado este mundo. Es asi la vida . Un paso por un camino dejando pisadas que la lluvia y la nieve, el viento, el tiempo en definitiva las borra. Los recuerdos se olvidan, se cambian, se deterioran y al final mueren con uno para siempre. El silencio autoimpuesto para que el dolor, la tristeza no sea ni tan dolor, ni tanta tristeza estan allí como año de vida.
Acompañar a la muerte no es fácil . No resulta nada encontrartela en soledad. En una cama de hospital , en una cama de la casa propia , en una montaña , en el mar, en un accidente, en un aeropuerto, en una clase. 
Hoy de este irse cuando a pocos años los abuelos un día se fueron . Primero el abuelo que un día se desmayó frente al plato de comida y acompañe a Terrasa en ambulancia sin saber nada de él, o casi nada . Yo inmaduro viajando de un pueblo a 20 km de Terrasa hacia el hospital por carretera ..
- ¿Sabe hacer masaje cardiaco ? -me pregunto el conductor y el ayudante que me llevaban con mi abuelo a toda pastilla hacia el hospital . Entonces mi inconciencia era grande y mayúscula. 

Luego , de quien me despedí fué de mi abuela un dia cuando después de una rotura se murió en la cama de un hospital . De golpe, así sin más. 
-¿Cómo ha sido ? - me preguntaba . 
Y poco después mi otra abuela que se quedó dormida para siempre en su casa. Su avemaria cantado en el tanatorio del Valle Hebrón por Montse , una amiga, cantante de opera llevaron mi llanto a esculpir en su lápida unos versos que mi tió me pidió. 
Pero luego vinieron otras muertes , de seres queridos, de amigos que me dejaron con poca edad a causa de un cáncer de linfoma , o bien a causa de decidir apearse ellos para siempre de este absurdo mundo . La muerte de los amigos próximos , de quienes has compartido un largo trecho en tu recorrido , no deja indiferente . Los vas a ver al Oncológico de Belvitge dia si dia también hasta que un día con lucidez te dicen adiós , y te devuelven el libro que les dejaste. 
O bien , otros que te enteras con los escribistes a medias en la facultad un trabajo de carrera y que dejaron un pozo importante y un día sabes que ya son sólo un nombre. 
Y así , hasta que te toca la muerte íntima de quienes un día fueron tus amistades más cercanas con quienes rozaste tu piel , su piel, abrazastes sus besos , comistes de sus lábios, o simplemente descubristes tu cuerpo y el suyo.  Y te das cuenta de cuanto tiempo perdido , cuanto tiempo sin estar con el, con ella, ...  y luego descubres que incluso por mucho que intentaras no pudistes despedirte porque no quisieron un último adiós.  
Y al final llega tu padre , a quien no pudistes decir adiós, un día en la montaña desapareció , y un helicóptero se lo llevó para siempre . Y aunque subas a la montaña y le traigas flores algun verano o junio en el lugar donde se derrumbó su cuerpo, lo encuentras a faltar . Y cuando lo recuerdas sea contigo a solas, o con tu familia , todavía con el tiempo pasado lloras , y las lágrimas se deslizan una vez más . 
Y cuando ya la muerte la vives acompañandola en el proceso con un amigo hasta su fin , con la máxima soledad de su cuerpo y el tuyo entonces puede que aprendas que los muertos susurran al oido siempre , y  nos dan consejos y lecciones.. 
Un día tu amiga pintora te consuela en los momentos bajos , al otro tu amigo de paellas se rié de tu Juan de Arimatea, al otro uno te recuerda los escritos suyos o su poesia, y así ... poco a poco la muerte va entrando con tus mascotas, tus días y tus noches , tus adioses parciales o definitivos . Por eso , la vida no debería vivirse más que como un examinarse uno para aprender con sabiduría a saber mirar la muerte el día que nos llegué. 

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